Durante el último día laborable del año, me erijo en suprema autoridad del lugar en el que trabajo. Mi labor se centra, ese día, en gestionar la realización del inventario de fin de año, la operación mediante la cual contabilizamos físicamente que todas las partes sumen el todo, y que este total no deba ser mayor, ni menor en forma apreciable, que aquel que guarda en su panza cibernética, nuestro ERP. (Debería decir sistema de información, pero dieciocho meses en una maestría, me enseñaron a decirlo usando siglas en inglés). El resultado no pudo ser mejor, me separé 8 soles del total de 80 millones de existencias que tengo a mi cargo.
Siempre me resulta divertido ver a los bufones de la corte, a aquellos que llevan mensajes de bondad, sin haber participado en su ejecución, a aquellos que tienen talento perruno y que disfrutan palmaditas en la espalda y las palabras de encomio de los jefes. No pertenezco a esa clase, me molesta esa gente. Si alguien me dice que las cosas que se han logrado son importantes, en automático, hago responsables de ello a las personas que trabajan conmigo, a mis colaboradores, eso me parece no solo justo, sino didáctico, los jefes deben entender que no lo serían sin sus subordinados.
Esta jerarquía, es algo que deberemos superar si es que queremos escapar del infierno, el Perú ha crecido económicamente estos últimos veinte años, a pesar de sus dirigentes. En todos los campos, los esfuerzos solitarios, aquellos que crecieron sin apoyo, son los exitosos. El talento nacional debe encontrarse en los mandos medios -para aquellos que gustan de hablar de modelos empresariales- aún seguimos en un sistema push jerárquico, los jefes no intentan algo si es que no son presionados por sus bases. Creo que los modelos que dan mayor participación a su personal son exitosos por lo escasos.
El entender que nos hallamos en una botella, no significa de ninguna forma que debemos renunciar a mejorar dentro de ella: social, económica, moralmente. El hecho importante es que la búsqueda del mejoramiento dentro de la realidad, no borre nuestra tarea más importante que es mejorar dentro de la idealidad. Los pequeños éxitos deben hacernos entender que hay otros mas grandes que alcanzar
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Curiosamente ese talento perruno del que también adolezco me ayudó a moverme a otra parte del infierno, donde no dudo encontraré otro tipo de canes con quienes aprender a lidiar.
ResponderEliminarGracias por crear una maravillosa extensión del pentaminuto cultural y por enseñarme que significa ucronia.
Guille, vos no tenes talento perruno, los abrazos son un talento muy humano...y las gracias son todas mias.
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