miércoles, 6 de enero de 2010

03.01.10: INFIERNO

El castellano, mi idioma natal es particularmente rico en sinónimos, sin embargo para definir sinónimos de la palabra Infierno, debe de referirse a la geografía: Averno, o a la mitología: Hades. Sin embargo, tanto una, como otra, son diferentes del significado religioso, particularmente católico, que tiene el término que de alguna forma referencia a este blog.

Al parecer, al inicio, el infierno cristiano era muy similar a los infiernos de otras religiones: en el Antiguo Testamento le llamaban Scheol, y era el lugar destinado a las almas de los muertos, donde esperaban el inevitable juicio final y su ascensión al cielo o el penar eternamente en este sitio sin vida, con polvo y tinieblas. Entiendo que las divinidades infernales, fueron apareciendo según el pueblo judío se enemistaba con otras comunidades, y “daba trabajo” a los dioses de sus enemigos, como los encargados de dar castigo a los que eran condenados a una eternidad de sufrimiento (Tal el caso de Baal y Astarte, dioses fenicios, que aparecen en Reyes1 1-16).

Hubo entonces, que separar al Scheol del Infierno, el nombre proviene del latín, y significa algo tan pedestre como inferior, hueco profundo, lugar al extremo de algo. Posiblemente la configuración del infierno tal como lo conocemos los occidentales, se haya establecido también en el concilio de Nicea, aquel en que Jesús fue reconocido como divino y el imperio romano acogió al cristianismo como su religión.

Me interesa la denominación de infierno como lugar de castigo y dolor, el sitio en que nos han arrinconado a todos aquellos que por comisión u omisión, hemos hablado mal de las entidades sagradas, nos hemos revelado contra la estupidez, o hemos tratado de subvertir la moral establecida. Me interesa esta definición, porque permite apreciar de manera diáfana (como lo hace Sábato en “Abbadon el exterminador “) que nuestras vidas, en un examen hecho sobre lo que significa la presencia del dolor en ellas, resulta siempre proclive a hechos infelices. Es decir, siempre tenemos más hechos, por los que sufrir, que aquellos por los que sentirnos felices, estos últimos por cierto, (que son muy pocos), sirven para que podamos comparar nuestra cadena de dolores, o incluso hagan el dolor más profundo. El caso de las recuperaciones felices, antes de la muerte terrible y dolorosa, en las enfermedades terminales, podría ser un ejemplo clásico.

Esa interpretación es también la que da nombre al blog. Hoy, rodeados de juguetes tecnológicos, y superados los principales problemas que la ciencia medieval y moderna planteó, (El concepto de edades es el que aprendí en secundaria para clasificar las diferentes épocas de la Historia Universal), no nos encontramos en el paraíso, aún aquellos a quien el éxito económico, mediático, político o social rodea, confiesan públicamente (cuando no pueden evitarlo) o en forma privada (los amigos de famosos que escriben biografías son cada vez más abundantes), que la felicidad les ha sido negada y que siguen viviendo “en este valle de lágrimas”.

Todo lo que ocurre hoy, en líneas generales, ya ocurrió en el pasado: caos económico, pésima repartición de los recursos, hambre, muerte, destrucción, violencia y de seguro algún concepto más que caracterizará a nuestra época… Estamos en una botella, en un cuarto obscuro, buscando a tientas una salida (bueno, algunos buscando una salida, pues la gran mayoría se resigna con facilidad a vivir su propio infierno), la primera de las etapas para buscar esa salida, es reconocer que estamos en una trampa, esto es lo primero que les he propuesto, y como yo muchos otros, para terminar por hoy, les dejo lo dicho por Huxley: “Como sabéis si la tierra no es más que el infierno de otro planeta”. Yo regreso mañana.

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