lunes, 4 de enero de 2010

02.01.10: THE WALL

He visto por octava vez The Wall, la extraordinaria película de Alan Parker, bajo guión de Roger Water. En las anteriores siete, su visión me servía de catarsis, debo confesar quela ultima vez que la vi era 22 años más joven. El tiempo siempre pasa facturas, hoy, ver el film en una excelente copia de DVD, me dejo un gusto de nostalgia, aunado a una especie de frustración tardía.

La película tiene unas animaciones que siguen resultando imponentes, la esencia del grafismo setentero sigue viva, sin embargo, he visto mejores en estos veinte años.

El contexto de denuncia personal; de exigencia del derrumbamiento de paredes que nos aíslan de nuestro entorno; de labor didáctica acerca de hacernos entender que: familia, escuela, pareja sentimental, éxito profesional, son solo ladrillos que nos aíslan de nuestra propia existencia, en la medida que nos son impuestos por un orden, un sistema, representado por “The worm, mi honor” en la ultima escena animada. Todos esos elementos están ahí, pero ya no me impactaron tanto.

Debo aceptar que como los escritos de Borges, esta película sirvió también, para esclarecer mi posición: de que vivimos una condena, algunos con más dolor que otros, pero todos presos dentro de un sistema que no entendemos completamente, con cofradías secretas que se encargan de que seas parte de una sociedad absurda. Y que debemos derribar las paredes que nos aíslan, es decir, que este infierno tiene una salida. Posiblemente, esa salida se configure en la manera en que rompamos con cada uno de los vínculos que nos imponen. El primero, será el aceptar que se puede pensar diferente acerca del tiempo y la realidad.

“Un buen ejercicio para fortalecer el talento nihilista” recuerdo fue el final de mi alocución; cuando invité a ver a esta película, a un amigo de la infancia, en quien reconocía antes que nada inteligencia, me resultó gratificante comentarle en un café, mis impresiones y tener su aprobación casi embelesada. Mis hijos, hoy en día, se muestran casi impermeables a la avalancha de imágenes, y buen sonido de la película, me dijeron casi por compromiso, que era buena, pero no para merecerse, el casi altar en que yo la he puesto, según les había comentado.

Resulta pues, frustrante para mí, entender que a diferencia de los escritos y la música, que pareciera ejercen su presencia atemporalmente, los documentos gráficos que pueden sustentar mis ideas, terminen rebasados por el tiempo, se conviertan en “another brick on the wall”

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