sábado, 9 de enero de 2010

04.01.10 UCRONIAS

En un comentario anterior Guille mencionó el término, recuerdo que lo ilustramos la primera vez alrededor de su escritorio, creo recordar también que el Torito se hallaba cerca, hablábamos acerca de los condicionales (que en algún momento del día todos nos hacemos), esas frases que empiezan por “y si yo hubiera hecho…” los complementos son variados: desde hacer o decir algo, o no hacerlo, hasta contar con una mayor experiencia antes de lanzar una opinión. Les dije entonces que construíamos ucronías a cada momento, que existe una narración soberbia sobre el particular, hable algo de “El jardín de senderos que se bifurcan”, de “El hombre en el castillo” y de ”Tiempos de arroz y sal”.
Como debo indicar a Uds. lo que es una ucronía permítanme ir al DRAE:
ucronía.1. f. cult. Reconstrucción lógica, aplicada a la historia, dando por supuestos acontecimientos no sucedidos, pero que habrían podido suceder.
De esta acepción se desprenden varias situaciones, Primero, que según el Diccionario de la Real Academia de Lengua Española, nuestro termino es una frase culta. Segundo, que no cualquier condicional se convierte en ucronía, debe estar revestida de lógica, esto es una exigencia notable. Tercero, los supuestos deben ser verosímiles, y esto último nos emparenta con un género literario: la novela; que describe hechos que posiblemente nunca sucedieron, pero cuya naturaleza los hace creíbles.

La primera ucronía que leí, aparecía en uno de los cuadernos de Minotauro, era un relato de Robert Heinlein -para mi gusto extraordinario- en la narración además de jugar con la historia, el padre de Lazarus Long, jugaba con el espinoso tema del viaje a través del tiempo y la autoconcepción. Yo, tenía entre 13 y 14 años estaba en el cuarto de secundaria, y fue la primera vez que me tildaron de loco en forma seria, por tratar de ilustrar a mis compañeros acerca de lo leído. Quise comentarle el tema a un profesor, y me dijo que el tema era perverso, y que ese tipo de literatura no me hacía en absoluto bien. Guardé en mi memoria el nombre de la narración copié un resumen en uno de mis cuadernos de pasta negra, y decidí investigar más acerca del tema. Hacia los quince y próximo a salir de secundaria, retomé el tema con una selección de relatos prologada por Asimov, donde se mencionaba la palabreja de marras. Créanme, en el Pequeño Larousse, regalo de mi abuelo, no aparecía una definición para el término, evidentemente la tenía entendida, pero hubieron de pasar un par de años más para que escuchara hablar de “El hombre en el Castillo” de Phillip K Dick, una narración en que los nazis liberados del fanatismo de Hitler, ganan la guerra junto a sus aliados japoneses, dividiéndose los Estados Unidos en una parte oriental y otra occidental.

Desde allí, la ucronía es uno de mis géneros literarios favoritos, resulta un componente primordial de mi concepción de los límites de este infierno: cuando acabemos de sepultar éste, viviremos en otro que tendrá una pequeña variación (No tan ridícula como la llamada “efecto mariposa”). Una pequeña variación, sustantiva para alguien en específico. Algo así como los aviones de American enfilando hacia la sede de Halliburton, el 11 de Setiembre. O un primer contacto de algún naufrago español, enfermo de viruela, con alguna pequeña población azteca, que permita a los mexicanos conocer la mortalidad de los castellanos y desarrollar resistencia a la enfermedad, y ver de verdad una noche bien triste para Cortez.

Creo profundamente que nuestro futuro y pasado esta lleno de ucronías, otra de las razones para sustentar la posición que, vivimos en el infierno, esta “realidad histórica” que nos ha tocado vivir está demasiado llena de absurdos, que han permitido su existencia. Tantos absurdos no pueden ser casuales, alguien debe estar moviendo los controles, para que nadie escape, para que el dolor pueda tener el lugar prominente que hoy ostenta.

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