He dejado de escribir, y una vez más he incumplido una promesa. Prometí escribir a diario.
Resulta que hacemos tantas pequeñas y ridículas actividades durante el día, que nos faltan los minutos para hacer las que realmente nos interesa. Inventamos reuniones, asistimos supuestamente interesados, al desarrollo de un problema, y esperamos pacientemente a que este se resuelva, mientras que impávidamente vemos, como otros lo resuelven siguiendo las directivas, que cómodamente les damos. He tratado, y creo he conseguido escribir más 75 palabras sobre el dispendio del tiempo, sin haber utilizado precisamente la palabreja más importante con que contamos para expresarnos.
En el castellano, las palabras asociados a la magnitud temporal son demasiadas. Nuestros verbos son afectados por ella, los sustantivos se relacionan más con el tiempo que con la distancia, aquellos relacionados con la masa y otras magnitudes suman cantidades menores. El tiempo ocupa nuestra existencia y la llena completamente, y apreciamos efectivamente sus efectos en nuestros cuerpos y en nuestra razón.
Mi intención no es reflexionar acerca de la física, me interesa determinar los componentes de este lugar de castigo, el tiempo es el principal de ellos. Su existencia determina la nuestra. La verdad, la realidad, la historia solo pueden construirse a partir de aceptar que el tiempo existe, las mismas ucronías no existen sin tiempo. Todo aquello que solo puede entenderse a partir de una definición temporal, constituye la estructura de este infierno.
¿Hay algo fuera de él? , me es difícil conceptuarlo, hace mucho (aquí tienen una frase temporal) supuse que la imaginación nos apartaba del tiempo, y en cierta medida lo negaba, no entendía en aquellas épocas (otra más) que el negar la existencia de algo, es aceptar que alguien (el ente ante quien ejercemos nuestra negación) tiene conciencia de lo que negamos, y que por ende como un objeto real o ideal existe… Lo que podemos hacer con los objetos ideales es hacer que el tiempo discurra de manera diferente; y que de alguna manera, evite el más importante efecto del tiempo en nuestras vidas: la certeza de la muerte.
Nuestro esfuerzo por detener los efectos del tiempo nos ha llevado a la creación de cosas extraordinarias: la primera de ellas ha sido el lenguaje, con el hemos construido la historia, y las palabras han hecho posible la formación de dos conceptos enormes: “atemporal” e “inmortal”, y sus variaciones “eternidad”, “infinito”,”ilimitado”, (resulta particular que pocos lo asocien a “imposible”) y al origen y desarrollo de las filosofías y religiones.
Esto es una cárcel, sus barrotes están constituidos por el tiempo, la terminan de configurar el espacio y las palabras, nuestro ejercicio mental nos estrella contra todas estas paredes. La única forma de planear una autentica fuga, empieza por reconocer nuestros recursos y la naturaleza de nuestra prisión. Es importante que te intereses por conocer la naturaleza del tiempo, por tratar de aprehender lo que configura la eternidad.
Levo mucho de golpearme contra estas paredes, antes prefería poner las citas al inicio, hoy me gustan más al final… del prologo de “historia de la Eternidad”, (cuando no) de Borges: “El movimiento, ocupación de sitios distintos en instantes distintos, es inconcebible sin tiempo; asimismo lo es la inmovilidad, ocupación de un mismo lugar en distintos puntos del tiempo. ¿Cómo pude no sentir que la eternidad, anhelada con amor por tantos poetas, es un artificio espléndido que nos libra, siquiera de manera fugaz, de la intolerable opresión de lo sucesivo?”… Hasta mañana (una final invocación temporal)
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