En mi niñez existía Papa Noel. La versión inglesa: Santa Claus, y la del sur del continente: el viejito pascuero, las vendría a conocer años después, cuando ya había descubierto que eran mis padres los que se afanaban por conseguirme los regalos que prolijamente yo describía en mis cartas dirigidas al señor de ropa roja y pilosidades blancas. Debo indicar, que aprendí a escribir a los cinco años, el descubrimiento del mito de los regalos navideños, lo hice a los siete. Desde esa edad atormente a mis padres, con preguntas tales como: ¿por qué se miente a los niños con ese señor vestido de rojo?, ¿No hay otra figura mejor que ese viejo?, ¿Y no podrían mejor decir que Jesús es quien regala, quizás de esa forma le tendrían más cariño?
La respuesta a mis preguntas, llegaron en forma de un libro de relatos español, me parece que era una de los Cuentos de Calleja, que mi padre me prestó, antes de devolverlo, renovado, a su dueño. En el relato se contaba la alegría de los niños ante la proximidad del 6 de Enero, pues ese día, en sus camellos y cargados de regalos, llegaban los Santos Reyes. Mi forma de pensar, consiguió una extraordinaria base en ese momento, fui a ver a mi padre, y le dije que si el tema de hacer regalos, quería tener una base lógica, el día elegido debería ser el 6 de Enero, como hoy, y no la noche del 24 de Diciembre. Explique mis razones, diciendo que la noche de Navidad debíamos pasarla en oración, y solidarizándonos con la pobreza de Jesús (aún era creyente… muy creyente) y que el 6 de Enero, había en las santas escrituras, una autentica versión del acto de regalar, que era el día en que los reyes, aquellos señores que dieron el dato a Herodes del nacimiento de Jesús, habían llevado hasta su humilde morada, oro, incienso y mirra como ofrendas por su nacimiento al hijo de José y María. Mi padre, que pasaba por esas épocas, tan comunes en casa, de escasez de dinero, me dijo que si quería eso, me debía ir a vivir a España. Me callé, me fui a mi rincón de lectura y cavilación, y nunca más hablé con él acerca de Santa Claus o los Santos Reyes…ese fue uno de los momentos en que entreví en mis niñez que vivíamos en un mundo extraño y doloroso, aún no lo conjeturé como el infierno, pero creo que lo intuía.
Desde esas fechas tengo por norma dejarles a mis hijos algún objeto, generalmente pequeño, en este día, mi intención es que lo tomen como una casualidad, como un regalo que les hace la vida. Los padres tenemos la obligación de hacerles sentir a nuestros niños, que existen otras partes, aparte de esta que vivimos, que existen lugares o tiempos, a los que llegaremos de alguna forma, en ellos, la bondad debe existir, pero también la tolerancia y el respeto a las opiniones contrarias, un mundo menos doloroso.
Esta es la segunda vez que les regalo algo de Juan Gonzalo, tómenlo como una casualidad, como un regalo de la vida: La pregunta, de Canto desde Lejos:
Mi madre me decía:
si matas a pedradas los pajaritos blancos,
Dios te va a castigar;
si pegas a tu amigo
el de carita de asno,
Dios te va a castigar.
Era el signo de Diosde dos palitos,
y sus diez teologales mandamientos
cabían en mi mano
como diez dedos más.
Hoy me dicen:
si no matas diariamente una paloma,
Dios te castigará;
si no pegas al negro,
si no odias al rojo,
Dios te castigará;
si al pobre das ideas
en vez de darle un beso,
si le hablas de justicia
en vez de caridad
Dios te castigará
Dios te castigará.
No es este nuestro Dios,
¿verdad, mamá?
domingo, 17 de enero de 2010
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