Si la genialidad puede corporeizarse - sin lugar a dudas- durante el siglo pasado, habitó entre Buenos Aires y Ginebra. Jorge Luis es sin duda el mejor escritor en lengua castellana, y uno de los más destacados poetas en lengua inglesa, según mi opinión. (Me guardo de poner modesta, porque me resultaría terriblemente falso).
Su presencia en esta parte del infierno, y solo una parte de sus relatos me permitió a la edad de trece años, entender que nos encontrábamos dentro de una botella; que tenemos una condena que cumplir; que disponemos de multitud de juguetes; y de supuestos recursos, que nos hacen creer que el uso y ejercicio de ellos, nos permitirán finalmente escapar de nuestro castigo y acceder a otra época, a otro lugar en que seremos diferentes.
Es curioso, todos los críticos literarios de los 60s y 70s configuran a JLB entre los representantes más genuinos del “boom latinoamericano”…Borges es un escritor inclasificable. Esta en la línea de los grandes filósofos, de los poetas celtas, de los españoles del siglo de oro, camina entre la novela policiaca y la ciencia ficción, ejerce el ensayo y la critica, inventa el prologo como forma literaria, y establece una nueva forma de arte: la entrevista, sus comentarios a las preguntas que le hacen, son una obra literaria más.
Desde mi actual punto de vista, la principal característica del lenguaje de Borges, es la administración de las palabras, no existe ninguna de más, no hay forma de considerar completa cualquiera de sus obras, si le sustraemos un adjetivo, un símbolo ortográfico. Quizás por eso su admiración por Quevedo, otro gran manejador del castellano.
Mi conocimiento de otras lenguas es parco, por ello mencionaba los poemas ingleses de Borges, como los mejores en esa lengua, porque casi con rigurosidad matemática, interpreta las licencias poéticas para usar las palabras justas en la construcción de ellos. No puedo opinar de una narración, o de una descripción en inglés o en otro idioma, porque mi grado de conocimiento de esos lenguajes no es lo suficientemente profundo, que me permita descubrir si para la enunciación de una idea se usaron la cantidad exacta de palabras.
Existe en las obras de Borges, ese sentido de la rigurosidad, de la economía bien entendida: la idea central esta trazada como una recta entre dos puntos, para describirla se usarán desde diálogos a soliloquios, de enumeraciones a metáforas, pero solo las justas, no existirán frases de más que entorpezcan u obnubilen el conocimiento de la idea, no habrá ninguna tacañería para esperar que el lector la invente. Sin embargo, otra característica del lenguaje de Jorge Luis, es que te permite participar de la escena, de su escena, te coloca frente a él y espera tu movida para sorprenderte o guiarte hacia una nueva.
Todo ello me permitió intuir a los trece años, que toda idea tiene un correlato en este mundo que creemos material, que bastará con que imaginemos una herramienta para que ésta exista, en otra época y lugar probablemente, pero que formará parte de lo que conocemos como humanidad. Borges desarticula el conocimiento científico para hacerlo onírico, desata las matemáticas para convertirlas en cábalas y runas. Nos dice que el tiempo es parte de nuestra imaginación, y las palabras son solo balbuceantes ideas de una manera más antigua o futura de conocernos.
Es decir, nos hace ver como nuestros esfuerzos para salir de este infierno han sido inútiles hasta ahora, intuye que la salida está en la compasión y en la contemplación, pero no nos lo dice claramente: “Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado al mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sinrazón, para saber que es falso”.
Hasta aquí hoy…
sábado, 2 de enero de 2010
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