domingo, 14 de marzo de 2010

20.12.09: SANTIDAD Y HUMANISMO

Hoy, 20 de Diciembre, el mundo pudo leer el discurso de Benedicto XVI, con el que se celebró el 40 aniversario de una de las instituciones más particulares del Vaticano: La Congregación para las causas de los Santos (CPCS). Esta comisión es la encargada de evaluar las posibilidades que puede tener cualquier cristiano de convertirse en santo, y entrar al devocionario de la fe católica.

La primera impresión es que de alguna forma, el gobierno más antiguo y totalitario de este planeta: el del Vaticano, hace 40 años tuvo una primavera democrática respecto a la elección de santos. Es decir el mayor título que se puede alcanzar dentro del catolicismo.

La CPCS antes de 1970 era un grupillo de sacerdotes, designado por el entorno del papa, encargado de evaluar si la conducta de determinado ser humano, y los actos extraordinarios que había logrado (llámese milagros) le conferían las características suficientes para nombrarlo beato o santo. El consejo de derecho canónico, se reunía con los abogados defensores (los devotos del candidato a los altares) quienes traían con ellos pruebas, testigos y documentaciones; y argumentaban ante este tribunal las bondades de su defendido. Por otro lado estaba una de las figuras más interesantes de la iglesia: el “Advocatus Diaboli”, el abogado del diablo, promotor de la fe, quien a manera de fiscal, debía reducir las pruebas y argumentos presentados, a mera palabrería, a soberbia (recuérdese que es uno de los pecados capitales), a conductas extraviadas, o peor aún inspiradas por el enemigo. (Léase: Don Sata).

Este tribunal canónico, era tan irreductible e inflexible; (o los defensores eran mediocres, o los abogados del diablo eran tan buenos) que, durante el siglo XX y hasta 1983, solo había permitido la subida a los altares de 98 personas.

Juan Pablo II, que más que demócrata, era un administrador eficiente (mi apreciación es que me parece un lector más entusiasta de Porter y Drucker, que de Bobbio o Dahl). Entendió que había que darle a su feligresía, lo que ella reclamaba: más santos. Cambió la función del abogado del diablo, de la de promotor de la fe, a promotor de la justicia, el tribunal canónico lo dejo como un consejo consultivo, y al CPCS (Que surgió por presión popular en la época de Pablo VI, para otra vez conversaremos de ese episodio) lo convirtió en un departamento que podía contar con los recursos de cualquier oficina moderna: asesores, procesadores, y técnicos y científicos católicos, que en el solo devenir de 27 años, nos han regalado más de 500 canonizaciones… Y la idea de que no es tan difícil ser santo.

Evidentemente, un santo es alguien lleno de virtud, en consecuencia ninguno de los pecados capitales le alcanza. Es humilde, templado, diligente, casto, generoso, paciente y caritativo. ¿Conoce Ud. alguien así?...se me antoja que muchas de las figuras religiosas católicas, no encajan en este modelo. Se me antoja también que muchas de estas virtudes no son propias a la forma de ser de la humanidad. Y estoy convencido que la figura histórica de Buda las cumple con largueza, incluso toma una nueva característica: la de compromiso. De la que ya hablamos antes, cuando nos referimos al término sacrificio.

La búsqueda de la santidad, me parece (como diría cualquier buen advocatus diaboli), un pecado de soberbia, que busca el hecho de ser reconocido más bueno que los demás. Me gusta más la categoría de ser humano, de humanista, de comprometido con el resto de personas que pueblan este infierno. Es mi parecer que aquellos comprometidos con mejorar las condiciones de esclarecimiento y conocimiento de esta realidad son más santos, que aquellos que hacen de su vida una tortura. Que son santos los que tratan de hacernos ver las condiciones en que vivimos. Que no lo son ,aquellos que tratan de demostrar que se puede vivir siguiendo lo ordenado por los Otros.

Empecé este artículo, hablando de la CPCS, les he contado su cambio de sociedad secreta a oficina publica. Y de su aumento de eficiencia. Quizás este funcionamiento como ente burocrático, lo haya convertido en lo que toda institución de este tipo es: parte del mercado, evidencia del infierno. Quizás sea esa la razón por la que hoy 20 de Diciembre del 2009, hayamos conocido, que ayer esta CPCS les concedió el carácter de Venerables a Juan Pablo II (de quien mucha gente guarda buenos recuerdos) y a Pio XII (A quien muchos recuerdan bendiciendo los ejércitos fascistas de Mussolini, Hitler y Franco). Cosas de no contar con abogados de este infierno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario