sábado, 6 de marzo de 2010

14.01.10: ABURRIMIENTO Y SATISFACCION

Que ocurre en tu vida, cuando lo que usualmente te atraía y despertaba tus sentidos a su solo nombrar, ya no lo hace. Que ocurre cuando la satisfacción es un continuo. Cuando algo así, como un hastío llena permanentemente todos tus minutos.

Somos mortales, y en esa medida todo lo que hacemos es temporal, la cercanía de nuestra muerte, evita que nos dediquemos a explorar todos los intentos que hasta ahora el ser humano a compuesto para explicar su paso por este mundo. Nuestra naturaleza efímera, nos impide acometer todas las exploraciones, examinar todos los contenidos (nuestra economía es otro factor), saciarnos en realidad. Somos criaturas hambrientas en la medida en que nuestro tiempo no nos permite mantenernos en un tema hasta agotarlo.

Robert Heinlein, reaccionario escritor de ciencia ficción, conservador, cínico republicano (que es muchas veces insulto excesivo para quienes se dedican a la literatura en USA) , compuso un personaje: Lazarus Long, que nació evolucionado (sin muelas del juicio y sin prepucio), con una vida promedio de 140 años; que habiendo nacido en las postrimerías del siglo XX, encabeza a sus juveniles 80 años, la Diáspora que libera al ser humano de la Tierra, y lo lleva a cubrir el Universo. Los avances médicos y las clínicas de rejuvenecimiento hacen a este buen señor, el decano del genero humano. Cuando este personaje está próximo a cumplir dos mil años, solo tiene una meta en la vida: suicidarse. El empeño de los representantes del genero humano por impedírselo, ofreciéndole diferentes actividades que no ha hecho, el contar su vasta experiencia (resumida en frases de antología) y el verse inmerso en el tiempo, constituyen una de mis novelas favoritas: “Tiempo para Amar”. El corolario de esa narración, que siempre recomiendo entusiastamente, es uno solo: aún siendo eternos, nos faltaría tiempo para agotarnos en cualquier búsqueda.

Sin embargo, vuelvo sobre el punto de la satisfacción y el aburrimiento. Que nos agota tan rápidamente, que hace que no podamos encontrar las salidas para –como dice Sabina- “este gris laberinto”. Cuantos de Uds. (déjenme decirlo por favor) “queridos lectores”, se hacen la pregunta capital –a mi entender- de esta existencia: Que hacemos en este mundo????

Hay mucha gente, -muchísima- que no ha intuido siquiera la pregunta, sus necesidades de alimentación, vestido y techo le son tan apremiantes, que los han convertido en parte del paisaje. Creo que quienes sentimos el compromiso de cambiar estas condiciones, lo hacemos primeramente, porque nos sentimos solitarios en nuestras errabundas disquisiciones, porque estamos convencidos de que la liberación no puede hacerse en forma personal. Que la cárcel debe derribarse, no cavar un túnel.

Hay otros –muchísimos menos- que ahítos de comida, techo y vestido, cubiertos de poder, han dejado de hacerse la pregunta; y más bien la rechazan por que han llegado a la conclusión de que es atentatoria para su estilo de vida, para la conservación de sus “privilegios”. Sin embargo ellos, más aún que los necesitados, no se sienten satisfechos, el aburrimiento los consume. Y para liberarse de esa sensación inventan formas de satisfacción cada vez más retorcidas. Pero a ellos también deberemos liberarlos.

Quienes quedamos? Los de siempre, grupito de pequeños burgueses, que liberados de las necesidades más acuciantes, e impedidos de hartarnos de lo que a otros sobra… Cavilamos, pensamos, elucubramos, somos los estandarteros de la conjetura. Insatisfechos, hambrientos de saber, creadores y destructores de doctrinas y dogmas. Dispuestos a no aburrirnos, siempre preparados para buscarle la quinta pata al gato, los encargados de la diversión de este infierno. Bienvenidos.

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