sábado, 6 de febrero de 2010


Debería existir un medidor de la actividad cerebral, de fácil aplicación, tal cual un scanner, que debiéramos instalar en cuanto artefacto, o creación artística, (incluyendo aquellas que solo pueden apreciarse con la razón), de tal forma que el aviso aquel que se coloca sobre el producto “recomendable para edades de 6 años en adelante”, “apta para personas mayores de 13 años”, “solo público adulto”, pudiesen efectivamente cumplirse.

Ayer, fui a ver con mi familia, la prestigiosa obra de Miller, a la plaza ISIL, en la ubicación que escogimos, tuvimos detrás nuestro a un grupo de 3 ó 4 jóvenes universitarios, (sé que lo eran, porque escuche sus conversaciones antes del inicio de la obra), que durante el desarrollo de la presentación se comportaron como una partida de orangutanes. Su lamentable conducta, sus risitas idiotas, sus comentarios aún más estúpidos, por momentos me malograron la presentación. No quiero que se piense que soy poco tolerante, pero hay veces que me solidarizo completamente con la opinión de Miguelito Pitti (El amigo de Mafalda, con cabellera de alcachofa): “Yo amo a la humanidad, pero odio a la gente”.

Siempre encuentro relación entre los sucesos que vivo, “Las Brujas…” trata sobre la tolerancia, y diariamente debo ejercer esta “virtud “, de otra forma terminaría cual pistolero fantasma, haciendo blancos entre quienes hubieran rebasado justamente mi limite de tolerancia: a la estupidez, a la cobardía, a la simple humanidad. Si eso fuera posible, el teatro habría quedado francamente despoblado, menos de la mitad de los asistentes, a mi parecer, fueron a ver la obra, un buen porcentaje asistía por status, otro por esnobismo, y un lamentable porcentaje “porque no tenía otra cosa que hacer”. 210 personas reunidas, y menos de cien tratando de entender la puesta en escena de Fisher de la obra de Miller. Otra razón para saber que vivimos en un lugar poco agradable.

Miller encontró una parte del infierno particularmente espeluznante, encontró a uno de esos engendros que este lugar tiene por costumbre parir: Joseph McCarthy. La persecución que este sujeto, hiciera en contra del dramaturgo, y ese raro valor que forma parte de la llave que nos ayudará a salir de este sitio: el honor, (el valor por defender lo cierto), hicieron que sobre hechos históricos, Miller construyera un nuevo objeto: Una obra de teatro excepcional.

En Salem, tres siglos atrás, se persiguió con saña, solo empujados por la ignorancia y la codicia, a cientos de pequeños terratenientes y sus familias acusados de “brujería”, las principales acusadoras: un grupo de niñas histéricas. Miller encontró, o inventó un personaje (en realidad la acción es la misma): John Proctor, un alter ego ucrónico, escéptico, con la misma visión del honor, la lealtad y la justicia que Miller, escarnecido hasta lo ultimo, renuncia sin renunciar a sus creencias y luego de eliminar la maldad en este proceso, emerge, enorme en la ultima escena. La muerte es un accidente, tenemos otros compromisos más importantes que la vida: una forma de escapar del infierno.

Esta búsqueda, es una de las otras partes, (Aquellas que no pertenecen al infierno) que mencionaba en el inicio de estos escritos, existen, se vislumbran otras tierras, otras zonas en que somos diferentes, en que no nos hayamos atados a este infierno, momentos en que vemos o sentimos aquello que nos ha sido prometido, o nos fue negado, y que por supuesto no está en este infierno.

2 comentarios:

  1. felicitaciones por el blog, que esta muy bien logrado. Soy amigo de su hijo, kevin, quien me recomendo este blog, y no fallo en hacerlo. Y pues, finalizando, le comento que escribo este comentario para animarlo a seguir publicando tan interesantes y gratificantes entradas... la de navidad estuvo muy buena ( sobre todo el audio).

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  2. La entrada corresponde al 10.01.10, trato de mantener esta cronología para no perderme, y para instarme a que debo seguir escribiendo, gracias José.

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