Lo que recuerdo con autentico placer de las Nochebuenas es la cantidad de abrazos que me han dado, y los que también he brindado. Los he recibido de todas partes y con todas las variaciones que el amor tiene, los he tenido de mi abuelo y mis familiares, de mi madre y de mis hijos, de enamoradas, novias y de mi esposa, de amigos entrañables y de conocidos varios, los he tenido bajo lluvia, en tierra extraña, sin ropa, con risas y con lágrimas.
El contacto físico es algo en que superamos a la mayor cantidad de aves, y a todos los mamíferos, no llegamos a esa caníbal comunión de arácnidos e insectos, o a la doble copulación de las lombrices (son hermafroditas legitimas, eso explica el termino). Los humanos estamos preparados fisiológicamente para abrazar, no escatimar esta adaptación al medio debería ser una de nuestras tareas prioritarias.
Podría ser que el tomar distancia con las demás formas de vida del planeta, pueda hacerles concluir que mi formación racional, me aleje del afán de mi demostración: la del carácter infernal de nuestro planeta. En posteriores comentarios abundaré al respecto, por ahora baste centrarnos en observar en que empleamos nuestra capacidad de contacto físico: nos auscultamos completamente (un ser humano promedio puede cubrir con el movimiento de sus manos todo su cuerpo, las adiposidades vuelven imposibles algunas regiones, pero ellas no están en el promedio), nos acariciamos, (alguien puede negar lo placentero del contacto amado) nos protegemos (hay mejor bunker que los brazos de nuestros padres?), y entonces nos golpeamos (matar a golpes no es una expresión, puede hacerse) , nos torcemos, nos provocamos dolor de mil maneras. Hay algo en el dolor provocado por el contacto físico que en su propia naturaleza, te daña aún más, la seguridad que no es esa su función.
Lennon, ese loco magnifico, decía en una entrevista, cuando la pregunta del periodista se orientaba hacia lo abyecto, inquiriendo sobre las formas más placenteras que había experimentado, “He experimentado de todo, y te aseguro que no hay nada mejor de estar en los brazos de alguien que amas”. El abrazo ha dado a la poesía más metáforas que el beso, es un contacto diferente, una entrega sencilla, un reclamo de protección mutua, la afirmación de la confianza, la demostración más simple de afecto. Para lograrla solo hay que separar los brazos, es realmente increíble lo que ello logra. Recuerdo que semanas antes de morir, mi madre, parapléjica, bajaba las estrechas escaleras de la clínica, en mis brazos, y en ese momento, aunque físicamente imposible, sentía sus manos asidas a mis hombros, lo digo ahora en público y no lo he dicho antes, ni siquiera en privado. Lo poderoso de sentirme abrazado por su lectura.
El abrazo del oso o del gorila, es más poderoso, pero es un arma, una forma de defensa o de ataque, entre los humanos es posible, pero solo alguien muy fuerte podría terminar con la vida de alguien abrazándolo. Nosferatu, el primer vampiro fílmico, muere por la caricia de una joven virgen, no por la dura estaca en el pecho. Es el abrazo no correspondido de Julieta el que fuerza el suicidio de Romeo. El poder del abrazo es una de esas otras partes, que entreveo, como más lejanas a este infierno.
Feliz Nochebuena, que los abrazos no sean pocos, altero un poco a Washington Delgado para recordarles “Que la tierra es ancha e infinita cuando los hombres se abrazan”.
sábado, 6 de febrero de 2010
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