Nunca he sido un lector de esa categoría de literatura que el marketing (esta palabra siempre me suena mejor que mercadeo) gringo inventó, aquella a la que llama bestseller. Si soy un entusiasta lector de algunos fabricantes de estos éxitos de ventas: King, Ellroy, hace mucho Wallace, Asimov, Stanley Robinson, Simmons. Me ha seducido la curiosidad algunas otras veces y he leído de esa manera, a Dan Brown y Roncagliolo. No tenía pensado leer a Stieg Larsson.
Debo decir con honestidad que lo he leído por tres motivos: el primero porque era un regalo, y realmente recibo muy pocos, los disfruto más, cuando de alguna manera el alguien que me lo obsequió, se dio el trabajo de buscar algo que me pudiera gustar, por ello, a Rafael y el grupo de gente que con él labora, muchas gracias por haberme enviado la trilogía de Millenium. El segundo motivo, es porque existe una corriente de opinión respecto del libro, que lo hacía seductor; con personas de carne y hueso que lo habían leído y recomendaban abiertamente, personas que existen en las dos orillas de este infierno, (aquellas con quienes discrepo y viven muy bien acomodadas en este espacio, y personas que están en la búsqueda de una salida del infernal lugar y tiempo que nos ha tocado vivir). El tercero era malvado y casi heráldico, en la solapa de la novela, y en la critica que se vende al lector para interesarlo existían dos frases: “la mejor novela negra de la década”, “la mejor novela policial del siglo XXI” que como saben quienes me conocen, están determinadas para la trilogía de James Ellroy.
Hoy he terminado de leer las más de 2100 páginas, de la novela de Larsson. Entre el 23 de Diciembre y hoy 12 de Enero han pasado 20 días, un promedio de 105 páginas diarias. No es una cifra que pueda equipararse, a las marchas forzadas que los libros de texto de la maestría me obligaron a cumplir (a veces 200 y hasta 300 paginas por noche); ni tampoco a la velocidad que me impuso mi vehemencia juvenil para leer el libro de Ostrovski (mi record personal, cerca de quinientas paginas en octavo medio, en un solo día).
Debo decir que lo he disfrutado, por las mismas tres razones que lo empecé a leer. La primera, he cumplido la parte implícita del trato que se hace cuando nos regalan algo: lo he usado, lo he hecho funcionar según su utilidad, Rafael gracias, es un buen libro, ha ocupado mi tiempo y mis ganas de leer. La segunda, ahora soy parte de la crítica del libro, y con orgullo puedo decir que mis ideas al respecto, se asemejan un tanto a las de Mario Vargas Llosa, cuyas críticas literarias siempre me han parecido impecables (por la razón más importante a tener en cuenta: Vargas también escribe), no tienen ese gusanillo rencoroso, que yo observo en la mayor parte de críticos profesionales: el dedicarse a observar la obra de otros sin tener capacidad de crear la propia.
Las simpatías por Lisbeth antes que por Blomskit; los errores técnicos en la descripción de las escenas; la involucración con determinados personajes más allá de las que un escritor (escribidor le llama MVLL) puede permitirse; lo inverosímil de ciertas situaciones medulares para el desarrollo de la novela, son coincidencias en la apreciación del laureado escritor y las mías. (Apreciaciones que he leido hoy temprano, creánlo o no) La traducción me parece un punto en contra, el lenguaje barriobajero madrileño, ha sido utilizado muchas veces con autentica fruición por parte de los editores, ello desfigura la aparición de los personajes oscuros de la obra. El “descubrimiento” de una Suecia hipócrita, fascista, corrupta, racista y malvada, está expuesta con dosis muy altas de candor, quizás porque Larsson ha escrito más que una novela policial, una novela de aventuras, a veces juvenil, en donde la esmirriada Lisbeth Salander puede vencer con sus cuarenta y cinco kilos y su agilidad, a un gigante de dos metros y más de cien kilos que adicionalmente no siente dolor de manera patológica.
La tercera razón por la que he disfrutado la novela es porque no es cierto que Larsson sea el autor de” la novela negra” de esta época. El tono moral romántico que ha sabido imponer a la trilogía (todos los malos serán castigados) es otro punto a favor de James Ellroy, quien (me he enterado hoy, acaba de publicar la conclusión de la trilogia bajo el titulo: Blood´s a rover".Alguien que puede describir con la ayuda de tres o cuatro personajes ficticios, lo extraordinariamente perverso que es nuestro infierno. Haciéndonos ver a la perfecta América de los 50s y 60s, como lo que fue en realidad… un tiempo y espacio (que para usar una frase de otro de mis héroes, Charlie García), donde “Que pálida siempre ganan los malos”.
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