El 17 de Diciembre de 1830, con solo 47 años de vida, muere en la hacienda de San Pedro Alejandrino, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios y Blanco, enfermo, con apariencia de anciano, abandonado por sus generales y amigos, expulsado de Venezuela y separado del poder en Colombia. Increíblemente, el hombre que liberó a 5 repúblicas, que creía en “que para nosotros la Patria es América”, moría en la hacienda de un español, porque ningún americano le abrió las puertas de su casa.
A mí me resulta chocante la forma en que se utiliza la obra, la figura y el pensamiento de personas que como Bolívar, hicieron en su momento, que parte de este infierno girará a su alrededor. Me pone de muy mal humor escuchar de “república bolivariana”, de “nuestro pensamiento bolivariano”, del “afán bolivariano que nos mueve”, en bocas de gente como Hugo Chávez y su partida de corifeos, plumíferos, ayayeros y santurrones. Me parece irrespetuoso en grado sumo, tomar palabras de uno de los tres más grandes majaderos de la humanidad (Según SB los otros dos eran Jesucristo y Don Quijote), como propias, como guía de las acciones – pobres acciones - que en nombre de la unidad latinoamericana se pueden cometer.
Bolívar en su lecho de muerte, aún se preocupaba por el ocupado territorio de Cuba y Puerto Rico, aún consideraba de necesidad tener a Panamá dentro de la égida grancolombiana, y siempre consideró la libertad como faro guía de cualquier desarrollo. No dudó en aceptar las decisiones de cualquier congreso, por erradas y parcializadas que le pareciesen, aún sabiendo que el origen de esos congresos constituyentes fuese manipulado, (sino espurio). Para el propio Simón, el carácter de estas instituciones “elegidas por el pueblo”, le daba mayor representación que su solo pensamiento personal. No creo que ese pensamiento bolivariano pueda tener sitio en la mollera del actual dictador venezolano.
Es curioso como el tiempo decanta las posiciones de cualquiera, como los testimonios olvidados se revelan, como una obra es reinterpretada. Bolívar, niño rico educado por los más grandes pensadores de su tiempo, joven militar viudo y osado, conocedor de las ciencias y artes de su tiempo; era lo mejor del pensamiento de su época: era un romántico revolucionario, lo de romántico entiéndanse bien por aquella escuela de pensamiento que abandonó los clásicos y apostaba por la generosidad, la libertad del individuo, el sueño de una gran humanidad en que todos tuviésemos acceso a la educación, a techo, alimentación y vestido dignos. Y si bien sabía, El Libertador, que las fuerzas centrifugas de una aristocracia adolescente destruirían el modelo de una América del Sur unida, no dudaba en ofrecer su espada para liberar a la propia España de la monarquía que la sojuzgaba. Como caben ideales tan amplios, en la noción totalitaria del portavoz del ALBA.
El integracionismo es necesario, cuando se llega al convencimiento que el mercado propio es demasiado pequeño para conservarlo. Cuando ello existe, las alternativas aparecen como un desarrollo propio: Europa supo que sin Comunidad Europea, solo serían sirvientes de USA; cuando los americanos vieron el peligro asiático no dudaron en crear el NAFTA. El mejor ejemplo de integración lo podemos ver en el ASEAN (Asociation South East Asian Nations), en este nuevo coloso (con un mercado de más de 600 millones de habitantes) opinan desde gobiernos neo liberales a ultranza (Singapur) hasta dictaduras socialistas recalcitrantes (Myanmar) y se ponen de acuerdo musulmanes (Indonesia) con Católicos (Filipinas) y Budistas (Cambodia y Tailandia).
Sin embargo, no dejaremos tranquilo a Bolívar, encontraremos nuevas aristas en su figura, para utilizarlas y ponernos unos contra otros usando un pensamiento integracionista… no, ni siquiera muerto tienes paz en este nuestro infierno.
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